¿Es sostenible fiar el equilibrio macroeconómico a promesas de largo plazo cuando los motores locales se desaceleran? La reciente adición de apenas 58.568 empleos en Brasil durante julio, por debajo de las previsiones del mercado, convive con un proyecto presupuestario que proyecta un tímido superávit primario del 0,1% recién para 2027. Esta brecha entre el impulso real de la actividad y la disciplina prometida evoca inevitablemente las dinámicas de consolidación fiscal de los noventa en la región, cuando los ajustes se postergaban en el papel mientras los ingresos fiscales sufrían por la atonía del mercado laboral.
El cuadro se vuelve más complejo al mirar el escenario global: la advertencia en Estados Unidos sobre los costos de su deuda pública y el déficit canadiense de 370 millones de dólares canadienses confirman que el espacio para el endeudamiento externo se estrecha. Para Sudamérica, el margen de maniobra no radica en confiar en una recuperación europea aislada, sino en reconciliar metas fiscales distantes con la fragilidad inmediata de sus ingresos.
