Washington impone ultimátums arancelarios del 50% a Canadá mientras intensifica su ofensiva sobre Apple para purgar componentes chinos de su cadena de valor. Al sumar la inestabilidad en el estrecho de Ormuz y la coordinación estratégica entre Moscú y Pionyang, el escenario recuerda a las tensiones de bloques de los años noventa, cuando las disputas comerciales forzaron un reordenamiento abrupto de los flujos de inversión hacia los mercados emergentes.
Para América Latina, esta escalada no representa un debate lejano. La pugna por la tecnología, sumada a la vulnerabilidad en las rutas energéticas globales, expone la fragilidad de una región altamente dependiente del multilateralismo comercial y de insumos intermedios importados para sostener su actividad productiva.
El repliegue proteccionista de las economías avanzadas tensiona las cadenas de suministro. En este entorno de fricción regulatoria y logística, el margen de maniobra macroeconómico para los países en desarrollo vuelve a comprimirse de manera estructural.
