¿Cuánto margen real tiene América Latina cuando el epicentro financiero mundial cambia de ritmo? La ratificación de Fitch sobre la deuda soberana de EE.UU. en AA+ con perspectiva estable, sumada al enfriamiento de la inflación norteamericana, provocó una caída inmediata en los rendimientos de los bonos en Canadá y en la zona euro, distendiendo las condiciones financieras internacionales.
Para el Banco Central de Reserva del Perú, este panorama despeja el terreno y sustenta su decisión de descartar incrementos en los tipos de interés. La autoridad monetaria peruana, que opera bajo su rango meta de inflación de 1% a 3% fijado en el año 2002, encuentra alivio frente a presiones cambiarias importadas. Esta dinámica recuerda lo ocurrido entre 2004 y 2006: cuando las tasas en las economías avanzadas dejan de presionar al alza, los bancos centrales sudamericanos con credibilidad ganada obtienen espacio para sostener la actividad productiva interna sin temor a una fuga abrupta de capitales.
El contraste regional aparece al cruzar hacia el Cono Sur. Mientras los mercados globales asimilan menores costos de endeudamiento y el comercio norteamericano exhibe señales alentadoras, Argentina anotó un avance de precios del 2,1% en julio. La cifra evidencia que la economía argentina sigue atada a inercias contractuales y desequilibrios propios. Como ocurrió durante los intentos de estabilización de 1985 con el Plan Austral o en la recesión de 1998, el viento a favor internacional resulta estéril si la arquitectura macroeconómica doméstica mantiene desajustes severos.
El escenario internacional vuelve a abrir una tregua en el costo del dinero. La historia económica de nuestra región enseña que estos ciclos de alivio externo no resuelven los problemas estructurales por sí solos, pero sí marcan una línea divisoria tajante entre los países preparados para absorber liquidez y aquellos atrapados en sus propias urgencias nominales.
