¿Hasta cuándo resistirá el margen financiero regional si el capital global rehúsa abaratarse? La decisión del Banco Central de Uganda de congelar su tasa en 9,75% por octava vez, sumada a la inflación de Irlanda estancada en 3,4% en julio y al tipo del 4,25% fijado por el Norges Bank —que anticipa mayores alzas—, consolida un escenario de rigidez monetaria sincronizada.
Esta persistencia de tasas elevadas en mercados diversos restringe el espacio de maniobra en América Latina. Como ya sucedió durante la prolongada sequía de crédito de finales de los años noventa, la imposibilidad de desacoplar los tipos locales de las referencias internacionales impide abaratar el financiamiento interno sin desencadenar presiones cambiarias. Aunque el apetito tecnológico impulse los resultados de empresas como Cisco en Wall Street, el panorama macroeconómico global impone una disciplina de liquidez inflexible. Nuestra región no puede recortar tasas en soledad cuando la tasa libre de riesgo y los costos de endeudamiento externo permanecen anclados en máximos de la década.
