¿Puede un récord en préstamos automotrices convivir con la caída del crédito hipotecario y un descenso de 13.000 millones de dólares en la deuda total de los hogares estadounidenses? La inconsistencia que registra el segundo trimestre en Washington no es ajena a nuestras economías. Mientras las familias norteamericanas reajustan su consumo y la Fed de Atlanta advierte que la inflación sigue inflexible, el margen de maniobra para los bancos centrales latinoamericanos vuelve a tensionarse.
Esta fragmentación del consumo interno me recuerda a la coyuntura de fines de los años 90. En aquel entonces, las fluctuaciones en los rendimientos del Tesoro —hoy empujados a la baja por las versiones sobre Irán— generaron una falsa ilusión de relajamiento financiero en la región. La realidad del crédito global terminó imponiéndose: con las ventas inmobiliarias cayendo por segundo mes en EE.UU. y presiones energéticas impulsando cambios drásticos como en Alemania, el costo del capital externo continúa marcando una cancha estrecha para el desarrollo regional.
