¿Puede un banco central bajar sus tasas de interés y, al mismo tiempo, apretar el freno de mano? La autoridad monetaria de Brasil acaba de validar esa aparente contradicción al advertir que mantendrá su política restrictiva, justo cuando los precios al consumidor de julio subieron un 0,07%, por encima de las previsiones.
Quienes analizábamos los mercados emergentes en los años noventa recordaremos dilemas similares: la prisa por flexibilizar chocando contra presiones inflacionarias rebeldes. Hoy, la perspectiva de que el dato de inflación del miércoles actúe como catalizador bajista revive esos fantasmas. La volatilidad externa —marcada por las negociaciones sobre el Estrecho de Ormuz y la caída del 1,7% en la producción manufacturera de Sudáfrica en junio— limita severamente el margen de maniobra regional.
América Latina opera sobre terreno frágil. Sin un anclaje claro en los precios globales, bajar la tasa de interés termina siendo una maniobra puramente cosmética.
