Caminás por la calle con la idea de cubrirte, entrás a una cueva y pedís un billete verde de cien dólares. Te piden $155.000 pesos. Si en lugar de eso abrís la aplicación de tu banco y hacés la misma compra por la vía legal, vas a pagar $153.500 pesos. La diferencia total entre hacer las cosas por derecha o en el circuito informal es de apenas $1.500 pesos por cada 100 dólares que ponés en el bolsillo.
Estamos hablando de una brecha cambiaria que tocó un piso del 0,98%. Para los que llevamos años analizando pantallas financieras y ayudando a pequeñas empresas a calcular sus costos, este número es una rareza absoluta. En términos prácticos, el dólar blue perdió casi todo su atractivo como termómetro de pánico. Quien compra hoy en el mercado paralelo está pagando un recargo casi simbólico de $15 pesos por billete respecto al mostrador bancario.
Ahora bien, miremos la otra cara de la moneda, porque ahí es donde la historia cambia para tu billetera. Si tenés los dólares guardados y necesitás venderlos para pagar gastos o abastecer tu comercio, el panorama se da vuelta. Si se los entregás al banco, te pagan $1.485 pesos por dólar. En cambio, si los vendés en la calle, te dan $1.530 pesos. Son $45 pesos más por cada unidad, lo que representa un 3,03% adicional a favor del circuito informal.
La explicación de este fenómeno está en el spread bancario. La diferencia entre lo que el banco te cobra para venderte y lo que te paga para comprarte es de $50 pesos, mientras que en las cuevas esa distancia se reduce a solo $20 pesos. Traducido a la vida cotidiana: hoy no tiene ningún sentido ir al mercado informal a comprar divisas, pero sigue siendo el destino más conveniente si lo que necesitás es deshacerte de tus ahorros en moneda dura para llegar a fin de mes.
