200.000 millones de dólares en ingresos para 2028: esa es la marca sobre la que se proyecta la salida a bolsa de Anthropic. Si a eso le sumamos que Bank of America ve a los seguidores de tendencias comprando todavía más Nasdaq, el tablero está claro: el mercado global sigue pagando promesas a precio de oro.
Para un inversor en América Latina, la tentación de subirse a la ola es comprensible. Nadie quiere quedarse afuera del frenesí de la inteligencia artificial ni de los catalizadores que Morgan Stanley proyecta para SpaceX. Pero entrar con estas valuaciones exige cautela. Es el equivalente financiero a comprar un departamento en pozo pagando ya el precio de un penthouse terminado.
Mientras el apetito voraz infla las tecnológicas, UBS insiste en mirar la infraestructura y los gestores se disputan la reforma alemana de 500.000 millones. La señal para las carteras de nuestra región es pragmática: acompañar el impulso con disciplina, pero sin rifar la diversificación en activos tangibles.
