Cuando trabajaba en el centro de atención de la fintech, la queja que más repetían los clientes era siempre la misma: “¿por qué le llegaron menos pesos a mi mamá si la aplicación decía tarifa cero?”. La respuesta corta es muy simple: las remesadoras nunca trabajan gratis. Si no te cobran la comisión al inicio, se cobran en la tasa de cambio.
El error más caro que cometemos al enviar plata es mirar únicamente el costo del envío y no el tipo de conversión que nos aplican. Esa diferencia en la tasa es una comisión disfrazada. Enviar dinero a ciegas sin verificar esa conversión es dejar dinero en la mesa que debería estar en el mercado de tu casa.
Antes de presionar el botón de enviar, compará la cifra final exacta en moneda local entre dos aplicaciones distintas y no el costo de transacción. Elegí el depósito directo en cuenta bancaria para evitar además los recargos por retiro en efectivo.
