Un RSI de 81,7 en Meta es el equivalente financiero a viajar en autopista con el motor rozando la línea roja: el sobrecalentamiento salta a la vista tras chocar con el techo de $685,89. A este desgaste se suma el freno de mano que imponen gigantes como Tesla, atrapada en una franja estrecha de $350 a $370, e IBM, acorralada bajo los $247,59.
Este encajonamiento externo impacta de lleno en la liquidez latinoamericana. Los portafolios de la región quedaron frente a un semáforo en amarillo, obligados a mirar de reojo los activos locales. En Argentina, el ADR de Grupo Financiero Galicia opera en una zona de alta tensión, debatiéndose sobre un soporte crítico entre armar un doble suelo de rebote o ceder ante la caída libre.
Poner dinero a trabajar con soportes testeándose en la plaza local y Wall Street mostrando señales claras de agotamiento técnico es una imprudencia. El capital regional no desapareció, pero prefiere mantenerse agazapado a la espera de definiciones extremas.
