Las decisiones de política económica tomadas a miles de kilómetros están convergiendo sobre la estabilidad macroeconómica del hemisferio. Mientras Canadá extiende la rebaja fiscal al combustible afectado por los costes del conflicto en Irán y el Banco de Canadá frena los cambios en los tipos ante la incertidumbre arancelaria, el cambio de postura estadounidense sobre el petróleo venezolano eleva la apuesta en el mercado energético.
Quienes analizamos la historia económica recordamos cómo en los años 90 los shocks de oferta global desarticularon los presupuestos públicos en economías emergentes. Al mismo tiempo, compromisos financieros como los 300 millones de euros asignados por Alemania y Francia a Sudáfrica evidencian la reordenación de los flujos internacionales. Sin aventurar pronósticos, el escenario actual muestra que el frente comercial y el energético vuelven a cruzarse, demandando una cautela fiscal rigurosa frente a la volatilidad que se avecina.
